Nos despertamos de nuevo en la hipercómoda LangreHocama. Después del LangreHodesayuno bajo el atento cuidado de la gobernanta, un pequeño paseo nos llevó a la zona del MuSi (Museo de la Siderurgia) antes de emprender camino a Burgos de donde nos separaban poco menos de 3 horas. Abandonamos La Felguera dejando muchas cosas por ver. Y con muchas ganas de volver (o no irse, porque se estaba tan bien...).
Aquí había un vehículo a nuestra disposición, pero el color no nos gustaba.
Emprendimos camino a Burgos por la AP66 (¿nuestra Ruta 66?). Todo el camino tiene un paisaje excepcional, hermosísimo, y el tiempo muy soleado acompaña las vistas.
Entramos en Burgos sobre las 3 con una vista impresionante de la Catedral y del antiguo Seminario Mayor (que tenía un significado especial porque es donde Carlos había cantado en el Festival Misionero), y buscamos un lugar donde comer en la Av. del Cid, la cervecería el Patatín del Cid unos platos de menú que no estaban mal, aunque no a la altura de la decoración del local que nos parecía muy curiosa lleno de fotografías y anuncios antiguos con las paredes casi cubiertas por estos.
El paquete del hotel esta vez incluía la Ruta de la Luz, la visita a la Catedral, al Real Monasterio de las Huelgas, al Castillo de Burgos y al Monasterio de Santo Domingo de Silos. Había opcionalmente y con suplemento una cena tradicional (tradicional = abundante + pesada), que casi no ibamos a coger.
Caminamos un rato dirigiéndonos por el paseo del Espolón y la puerta de Santa María a la Catedral, haciendo un poco más de investigación "callejera" como es la tónica habitual en nuestros viajes pateo continuo. Así llegamos siempre a los hoteles, sin fuelgos ni siquiera para intentar reparar el problema de la conexión. Nos dirigimos al hotel Rey Arturo que estaba en las afueras. A sabiendas de que iba a tener poco que ver con LangreHotel, concienciándonos para no comparar.
Volvimos a Burgos donde el ambiente era increible. Si bien es cierto que tanto La Felguera como Gijón y Oviedo estabán también a tope de gente y con un ambiente muy bullicioso y agradable, Burgos tenía dos diferencias: muchísimo ambiente nocturno (hay una zona hasta las cinco de la madrugada y otra desde esa hora hasta la madrugada...) y los modelazos a partir de las 7 de la tarde. Hemos visto una boda en la zona de San Juan de Lesmes; pero los modelazos iban a la zona de la Catedral y al Espolón (en contradirección de San Juan), pero no hemos visto ninguno entrando en la Catedral. El viernes creímos que se trataría de algún acto importante o celebración pero es que el sabado a la misma hora se repitió el desfile. Tendríais que verlos porque no era cualquier traje de fiesta: eran sedas, rasos casi todos largos, bastante espectacular os lo aseguro (sobre todo ellas, porque ellos no daban la talla).
Lo primero que hicimos fue sacar los tickets para la Ruta de la Luz (un tren chu-chu reconvertido en vehículo de esparcimiento que hace una ruta nocturna por la ciudad) Mientras descubríamos las calles adyacentes a la Plaza Mayor, peatonales y plagadas todas de terrazas, bares y pubs de lo más variopinto, nos tomamos un chapata de lomo con unos maravillosos pimientos (casi todo lleva pimiento...), y un café cremoso como un helado italiano de una pastelería situada en una de las esquinas de la Plaza Mayor.
Después el trayecto de la Ruta de la Luz que parte de la plaza de la Catedral de Santa María y visita los principales monumentos (Santa Gadea, Salesas, Huelgas, Paseo del Espolón, San Juan de Lesmes, Murallas, puertas de la misma, Paseo de Isla, Castillo, con parada en el mirador...). Terminamos pasadas las 11 y media y ya hacía un poco de fresco, a pesar de lo cual el ambiente seguía siendo bullicioso. Un último paseito nocturno, un cafecito caliente en una terraza y al hotel, donde dormimos de un tirón, como siempre en vacaciones.
Un detalle que nos olvidamos: En la cena del LangreHotel nos ofrecieron, después del aceite, unos "caramelos de foie" para picar mientras esperábamos el entrante.