miércoles, 1 de septiembre de 2010

Dia 4: Burgos

Tras el desayuno en el hotel, cambiamos nuestros planes que comenzaban con la visita a Silos ya que se encuentra a una hora de camino y nos haría perder tiempo de visitas. Así comenzamos con la visita al Real Monasterio de las Huelgas (ó Monasterio de Santa María la Real de Huelgas, Huelgas por el ganado de huelgo o por las huelgas - vacaciones de los reyes), Panteón Real en la Época Medieval, cisterciense simbiosis de arte cristiano y musulman. Visita guiada de algo más de una hora, fantásticamente comentada y amenizada por Almudena que lo hizo tan bien que en otras visitas donde no teníamos guía y dado que Eli de cerca no ve un pijo le pide a Carlos: "Almudenízame please".

De Huelgas al Castillo medieval rehabilitado en 2003, incluyendo la visita al pozo y galerías, estrechísimos pasajes excavados durante el asedio al castillo en la guerra de sucesión al trono entre Isabel la Católica y Juana la Beltraneja. Nuestra guía Valle. Los restos del Castillo en lo alto de una colina hacen que tenga unas vistas fantásticas sobre toda la ciudad.

Casi a las dos nos dirijimos a la Cartuja de Miraflores a unos 3 km del Castillo. La Cartuja está en plena rehabilitación y no pudimos ver la portada ni apenas el claustro, pero si el retablo y los sepulcros (finales del s. XV)de Juan II e Isabel de Portugal (padres de Isabel la Católica, y también el sepulcro del infante Alfonso su hermano) en el presbiterio.
El retablo es de madera de nogal dorada y policromada, es de Gil de Siloé y Diego Cruz (policromía). Los sepúlcros cincelados en alabastro son también obra de Gil de Siloé. El panteón real en el centro me parece excesivo pero maravilloso. Su forma fundamental es una estrella de 8 puntas y está repleto de representaciones: evangelistas, santos, figuras del antiguo testamento, virtudes teologales, y por supuesto las de los propios reyes yacentes.

Volvimos a la Plaza Mayor e hicimos una rápida comida  en "Pecaditos de Burgos" un surtido de montaditos, que por supuesto incluían morcilla de Burgos, lomo y pimientos de piquillo.

Visita a la Catedral de Santa María (una parte todavía en rehabilitación), con constantes y repedidos aaaah y ooooh, Entrada por la puerta Sarmental sin guía pero con folleto explicativo durante casi dos horas. Los rosetones, vidrieras, retablos, bóvedas impresionantes, capiteles, coros (especialmente coros), órganos, esculturas y pinturas, claustro y museo, donde puede verse varias maquetas de la catedral en las diferentes épocas...

Casi las 6. Y Silos cierra a las 6, y hay una hora de camino. Tendremos que dejarlo para mañana.
Encuentro los horarios de los diferentes monumentos y museos muy restringidos.
Paseo a uno y otro lado del río Arlanzón, visita al Mercadona guiados por Charo en modo peatón. Vistamos también el Museo de la Evolución Humana pero ya no hay tiempo para entrar. Nos detuvimos un ratito en el paseo Sierra de Atapuerca delante de su preciosa fuente que parece emular a las olas. 

El puente de San Pablo el monumento Mio Cid (ecuestre), la puerta de Santa María y la Plaza Mayor es lo que más hemos repetido. Esa noche nos cenamos un menú Kebap en AlíBabá al lado de la Catedral. El postre un helado italiano de café y nata, y de vuelta al hotel que la noche está mas fresca (¡esto es Burgos!, porque el tiempo había sido buenísimo todo el día. Almudena ya nos había advertido que por algo los reyes sólo venían en vacaciones).

Esa noche Carlos consiguió solucionar el problema del portátil. Visitando la Web de Silos nos dimos cuenta de que los domingos no sólo cambia la hora del gregoriano de las 9 a las 12, sino que el claustro y el museo no abren por la mañana (intuyo que los monjes se van de marcha a Burgos, digo yo), con lo cual teníamos que posponer de nuevo la visita hasta las 4 y media de la tarde al día siguiente. Esto implicaba salir de vuelta a casa un poco más tarde de lo que habíamos previsto, por lo cual buscamos un par de hoteles uno en León y otro en Benavente por si el cansancio nos aconsejaba dividir el regreso en dos etapas.

Por la mañana intentaríamos buscar el Seminario Mayor que todavía no habíamos logrado verlo de cerca. O al menos eso creíamos.

Y para terminar, tres fotos: el tren chu-chu a su paso por el Castillo, el toblerone helado del postre de la cena degustación y los ricos cafés del Recuelo de Oviedo.